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Len Lye: los orígenes de su
arte
por Roger Horrocks
El hombre de Marte
Los cuadros y esculturas que Len Lye creó durante sus primeros
años de estancia en Londres sorprendieron a los artistas
y críticos como algo completamente diferente a lo que habían
visto hasta entonces. Era obvio que aquel joven artista formaba
parte del movimiento moderno, pero había enfocaba su arte
desde un ángulo completamente nuevo. Julian Trevelyan diría
de Lye como persona que "Era como un hombre de Marte que
lo veía todo desde un punto de vista totalmente diferente,
y era eso lo que le hacía tan original1". Otro pintor
inglés, Paul Nash, escribió sobre su primer encuentro
con el arte de Lye en una exposición de pintura: "Me
atrajo inmediatamente aquel tipo de arte tan inusual. Era totalmente
diferente a lo que ofrecían los demás autores expuestos.
Pero por encima de todo, lo que me produjo un mayor impacto fue
su sentido del ritmo [visual], aunque lo había expresado
de manera un tanto excéntrica; no en el sentido de que
resultara aburrido, sino en el sentido de que resultaba absolutamente
independiente 2".
La película de Lye de 1929, Tusulava, también fue
considerada una obra exótica y difícil de comprender
o clasificar. La reacción del crítico del Daily
Sketch que la resumió como algo "llamativo" pero
"extraño3" fue algo generalizado en la época.
Los comentarios más profundos llegaron de labios del crítico
de arte Roger Fry, que describió Tusalava como el producto
de "un nuevo tipo de imaginación" que "no
prestaba atención a las formas en sí, sino
a los movimientos en el tiempo." Y añadía:
"Es la primera persona que conozco que se haya atrevido a
explorar ese camino4".
Pero aun el artista más "original" tiene sus
fuentes, y en este ensayo se tratará de explorar el origen
de los trabajos de Lye desde sus primeros años en Nueva
Zelanda. La historia de su desarrollo como artista es interesante
por varias razones. En primer lugar tenemos sus heroicos días
de modernista, en los que el cine todavía estaba cobrando
forma como una de las Bellas Artes. Lye veía sus obras
cinematográficas simplemente como una faceta de su modernismo,
inseparables de sus experimentos en pintura, escultura y literatura.
Su desarrollo también resulta impresionante desde un punto
de vista personal, ya que creció sumido en la pobreza,
dejó la escuela a muy temprana edad y se ganó la
vida realizando trabajos manuales, educándose a sí
mismo gracias a las bibliotecas públicas que visitaba.
Su origen obrero también le diferenciaba de un buen número
de artistas londinenses.
Otra diferencia muy importante fueron las regiones en las que
creció (Nueva Zelanda, Australia y Samoa), con cuyas tradiciones
locales y arte indígena se involucró en gran medida.
La tendencia de los críticos ingleses a considerar sus
trabajos como algo "extraño" o "excéntrico"
no hace sino plantear cuestiones respecto a los prejuicios metropolitanos
de la historia del arte. No era extraño ver artistas emigrando
a los centros del Modernismo europeo, y el factor diferenciador
que estos extranjeros traían consigo aportaba grandes novedades
a una metrópolis que se enorgullecía de conocer
a la perfección esas "diferencias", aunque la
mayoría de los críticos estaban demasiado ocupados
para mirar más allá de la superficie exótica
de una obra. Las diferentes historias del arte moderno serían
muy diferentes si se prestara la misma atención a los contextos
regionales que a los urbanos.
Este ensayo explora el origen de Lye como antípoda pero
también como artista procedente de la clase obrera, llegando
a la conclusión de que sus obras de arte parecerían
mucho menos "excéntricas" (aunque originales
no obstante) si las concibiéramos como proyectos artísticos
que emprendió mientras vivía en el Pacífico
Sur. Naturalmente, todo buen artista tiene sus periodos de creatividad
impredicible que trasciende cualquier origen, de manera que toda
carrera sólo conserva una lógica lineal cuando se
contempla de manera retrospectiva. Igualmente, hay que tener en
cuenta que los críticos de la Nueva Zelanda de la década
de los veinte quedarían probablemente más asombrados
ante las obras de Lye que sus homólogos de Londres. La
cultura de Nueva Zelanda aún no estaba preparada para el
Modernismo antípoda que Lye había creado. A los
neozelandeses les agradaba mucho escuchar que su "arte ultramoderno"
tenía una "originalidad" que "sobrepasaba
incluso la de sus colegas londinenses", pero, citando las
palabras empleadas en un titular de periódico, nos encontramos
ante un caso de "Herodes sobre-herodizado". Su arte
era más adecuado para Londres porque era tan "peculiar"
que hacía que sus espectadores "se marearan5".
A pesar de la complejidad de estas cuestiones, la enorme variedad
de trabajos que creó Lye tras su llegada a Londres en 1926,
fueran en pintura, grabados, escultura o cine pueden contemplarse
como la consecuencia lógica de su década de estudio
y experimentación previos en el Pacífico Sur. Sin
embargo, por lo general durante sus primeros años despertarían
en él los intereses básicos que influirían
decisivamente sobre su obra durante el siguiente medio siglo.
Aunque siempre se mostró enérgico e ingenioso a
la hora de perseguir esos intereses y descubrir nuevas formas
de combinarlos, la dirección general que seguiría
su obra quedó fijada ya entonces...
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