| ENTREVISTA
KENTRIDGE
Nieto de la primera mujer abogada Sud-africana e hijo de abogados,
su padre se involucró en la defensa de víctimas
durante el apartheid y en casos políticos cruciales como
el de Steve Biko o el de Nelson Mandela. William Kentridge se
apartó de la tradición familiar para hacer carrera
como artista. Sus trabajos en animación, teatro de marionetas,
instalaciones, grabado y videocreación, le han situado
como uno de los artistas de la “periferia” artística
más interesantes de la última década. Casado
con la doctora australiana Anne Stanwix, es padre de tres hijos.
No se considera un activista ni pertenece a un partido político,
aunque apoyó firmemente al ANC en las elecciones de 1994
para acabar con el apartheid. Agnóstico, conserva, sin
embargo, como importante legado familiar la cultura y celebraciones
judías. Su trabajo fue descubierto internacionalmente a
través de los más prestigiosos festivales de animación,
y desde hace unos años, su obra recorre los mejores museos
y galerías del mundo. El MACBA hizo en 1999 un excelente
montaje con su obra y este año ANIMAC dedica una retrospectiva
de sus filmes animados.
PREGUNTA: Sus obras se han proyectado en los
festivales de animación más importantes del mundo,
y también se han expuesto en algunos de los museos y galerías
de arte más importantes del mundo. ¿Se siente más
cómodo en un cine o en un museo?
RESPUESTA: Teniendo en cuenta que du-rante los
últimos años me he especializado en producir mis
trabajos en vídeo, puede parecer una pena mostrarlos en
un cine; de hecho, en cuanto los veo en pantalla grande me arrepiento
de no haberlos hecho en película. Me gusta que en un museo
se puedan ver los cortos y los dibujos como obra general, porque
así se puede entender mejor el proceso de creación,
y lo uno refuerza a lo otro. Pero una vez dicho eso, me gusta
la diversidad de formas de apreciarlos. No creo que exista una
forma ideal, creo que en los festivales de animación puedes
ver los cortos en buenas condiciones, pero acompañados
de otros 300 cortos, así que se produce el clásico
efecto de agotamiento por acumulación. Sin embargo, si
los ves en la televisión, los ves entre anuncios y otras
distracciones. El lugar más tranquilo para ver los cortos
suele ser una exposición, donde tienes espacio entre corto
y corto para digerirlos. Creo que cada uno tiene sus virtudes.
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