| ARTICULO
KENTRIDGE
El sudafricano (nativo de Johannesburgo) William Kentridge lleva
desde 1989 produciendo pequeños cortometrajes animados
a partir de dibujos a carboncillo que altera y borra en el transcurso
de la filmación. Como si fueran poemas densos e intensos,
las piezas avanzan en el tiempo a través de una serie de
asociaciones, amores, miedos y recuerdos exhumados de forma intencionada
y reflexiva. Al igual que el propio proceso de animación
de Kentridge (nacido de un deseo por mantener vivas las etapas
más transitorias y evolucionadas de sus dibujos), las narraciones
improvisadas de sus piezas tratan sobre la tenue naturaleza de
la memoria, tanto personal como histórica. ¿En qué
medida nos aferramos al pasado para afrontar el futuro, y en qué
medida nos desprendemos de él como obstáculo para
el progreso?
Kentridge (nacido en 1955) desarrolló las ricas técnicas
empleadas en sus Drawings for Projection durante la época
del hundimiento del apartheid y el establecimiento de una Sudáfrica
democrática; un periodo, todavía en vigencia, lleno
de flujos y revelaciones. La violencia instaurada por el estado
durante los ochenta, la llamada década de las emergencias,
había sido eliminada, pero los muertos causados por el
conflicto aún no estaban enterrados, ni los enterrados
estaban realmente muertos. Docenas de víctimas del apartheid
han sido exhumadas en estos últimos años para que
sus heridas sirvieran como testimonio en las audiencias de la
Comisión por la Verdad y la Reconciliación, un tribunal
creado, al igual que la cámara de Kentridge, para tomar
conciencia de las brutalidades del pasado de cara al presente
y el futuro.
“El desastre siempre tiene lugar después de haber
sucedido.” Lo que Maurice Blanchot ha escrito en referencia
al Holocausto también se puede aplicar a cataclismos más
recientes causados por el hombre en Camboya, Etiopía, Ruanda,
Bosnia, Sudáfrica… Tras un trauma social de tal calibre
es impensable concebir una conclusión, y los trabajos de
Kentridge, sobrecogedores pero dotados de gestos familiares y
ritmos cotidianos, reflejan esta falta de fijación. Con
sus transmutaciones y borrones (un gato se metamorfosea en un
teléfono, el humo de un cigarro se materializa en una máquina
de escribir en la que se teclean mensajes), el trabajo de Kentridge
es el epítome de lo provisional del ser, de cómo
para existir es necesario hacer y deshacer.
La serie Drawings for Projection de Kentridge narra, desde un
punto de vista visceral, la transición que ha sufrido su
país. Tras décadas sometida a un gobierno rígido
y cruel, Sudáfrica está dibujándose a sí
misma, haciendo bocetos, borrones y reformulando sus estructuras
de poder, sus relaciones sociales, su sistema de derechos, beneficios
y protección. “Hoy día los sudafricanos”,
dice el poeta expatriado Breyten Breytenbach, “están
siguiendo un itinerario (y una topografía) para llegar
a ser algo.”
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