| ARTICULO
ENGEL
Un artista para todas las estaciones
Jules Engel nació en Budapest el 15 de marzo de 1918.
Hijo de un joyero, Engel emigró a los Estados Unidos cuando
tenía once años. Su tía vivía en Evanston,
Illinois (cerca de Chicago), así que él, su madre,
Rose Engel, y sus dos hermanas pequeñas, Edith y Judith,
llegaron a Illinois tras subirse a un barco en Trieste. Cuando
se le pregunta cuál es su primer recuerdo “artístico”
de cuando era niño en Budapest antes de venir a Estados
Unidos, su respuesta es:
“Iba caminando por una calle de Budapest. Debía
de tener nueve o diez años. Giré una esquina y casi
choqué contra un Citröen con un perfecto trozo de
cromo en su parte delantera. Ese trozo de cromo me llamó
mucho la atención como pieza de diseño, y no me
lo pude quitar de la cabeza. ¿No es curioso cómo
se nos quedan a veces ciertas cosas en la cabeza?”
Es fácil ver en este ejemplo la consciencia de Engel como
joven artista, despertando ya a tan temprana edad. Resulta particularmente
interesante que su sensibilidad despertara a causa de un diseño
de carácter industrial. No es la típica asociación
con la herencia artística de los viejos maestros europeos,
ya que lo que suele venirle a uno a la cabeza cuando habla de
aquella época son los cuadros de paisajes que tanto abundaban
entonces.
Estética y artísticamente, a sus nueve o diez años
Engel ya estaba desarrollando conceptualmente algo digno de un
movimiento modernista. Sin que él lo supiera, por entonces
el movimiento dadaísta expresaba en la Escuela de París
lo mismo que el interés de Engel por aquel trozo de cromo.
Pensad ahora en la insistencia de los dadaístas y de todos
los movimientos de los años veinte en redefinir los objetos
industriales y utiliarios para convertirlos en objetos de arte
no utilitarios colocándolos en el contexto de un museo
o una galería. Fijémonos específicamente
en Man Ray, a quien Engel conocería y de quien se haría
buen amigo cuando vivió en París durante los sesenta.
Man Ray consideraba su arte como una rebelión directa contra
los viejos maestros. Una de las contribuciones más interesantes
de los dadaístas fue el pensamiento no lineal y el énfasis
que le daban al elemento del “azar” en la creación
artística. Consideraban el azar como un concepto al que
sólo acceder mediante actos como la escritura automática
y otros fenómenos intuitivos. Centrémonos ahora
por un momento en los “Ray-ógrafos” de Man
Ray, las composiciones fotográficas realizadas sin cámara
al exponer objetos directamente al papel fotosensible. Esta innovación
tecnológica tuvo un enorme impacto en el mundo de la animación.
Por animación entendemos, en este caso, el arte del tiempo,
el ritmo y la luz, es decir, el color.
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