| ENTREVISTA
MAUREEN
PREGUNTA: ¿Podrías explicar cómo
te convertiste en directora de animación?
RESPUESTA: Estudié en una escuela de cine
de Nueva York, una escuela muy tradicional donde, fundamentalmente,
estudiaba fotografía. Anteriormente ya había tenido
cierta formación artística, pues había estudiado
pintura. Aun así, en aquella época, en Estados Unidos,
se podían ver muchos largos y cortos europeos de lo más
interesante.
P: ¿Como, por ejemplo…?
R: Las películas de Fellini, Bergman,
Yellow Submarine… Era un periodo muy excitante, en el que
los jóvenes cineastas norteamericanos estaban interesados
en el uso de las minicámaras manuales y en las películas
de 16 mm, y yo me sentía muy satisfecha por poder participar
en ese movimiento desde mis estudios de fotografía. Al
mismo tiempo, me sentía fascinada por la idea del dibujo
como medio expresivo para describir y narrar una historia. Sabía
que sería un camino largo y que debería invertir
mucho tiempo antes de poder dedicarme al dibujo y la animación
de forma profesional. En la Universidad de Nueva York no había
ningún curso de animación, o sea que era más
bien autodidacta. Por eso, al acabar el curso, había hecho
tres cortos, dos animados y el otro de imagen real. Una vez me
licencié, empecé a trabajar en el mundo de la animación
comercial, en producciones como Sesame Street o Saturday Night
Live, así como en cualquier otra que permitiera adquirir
experiencia a una realizadora independiente como era yo. Fue una
época muy provechosa. Aun así, me sentía
como si aún no hubiera trabajado en algo que pudiera considerar
mío, algo que me hiciera sentir identificada con mi trabajo.
Por eso empecé a estudiar los dibujos de los artistas que
me parecían buenos representantes de lo que andaba buscando,
que era un look surrealista, interiorista, algo casi como un dibujo
inconsciente. Así descubrí las obras de gente como
Picasso, Miró, Matisse y muchos otros. A pesar de que era
relativamente fácil dibujar como ellos, imitar su estilo
era importante por la economía de líneas, que facilitaba
la expresión del movimiento, la animación del dibujo.
Eso es lo que buscaba con el primer corto animado que produje,
y en el que invertí cuatro años (sí, creo
que mi media es cuatro años por corto). Se titulaba Odalisque,
y es el que considero mi primer corto.
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