| ARTICULO
PIC PIC
El visionado de una película del estudio belga Pic Pic
André suele inspirar la siguiente duda: ¿Por qué,
en la producción actual, existen tan pocos dibujos animados
que consigan innovar con la inspiración y las generosas
dosis de locura de los cartoons americanos de los años
treinta y cuarenta, los de Tex Avery, Chuck Jones, Bob Clampett
y compañía?
No es algo que tenga nada que ver con la oposición demagógica
entre películas cómicas dopadas por el talento de
los empleados de las majors que los emplean y las películas
de autor, tal como se conciben hoy día en Europa, en condiciones
completamente diferentes. Porque las únicas películas
inspiradas en el cartoon clásico que sorprenden hoy en
día vienen de dos veteranos de una escuela de animación
donde el término artístico se escribe con “A”
mayúscula.
En Pic Pic André nos encontramos con autores que han hecho,
hasta ahora, muy pocas concesiones a la industria, desarrollando
sin pretensiones un universo original cuyo mayor mérito
es contar con el favor de un público muy variado, desde
chavales a cinéfilos.
Vincent Patar y Stéphane Aubier son los codirectores de
las películas hechas en Pic Pic André. ¿Tomarían
demasiado zumo de zanahorias de pequeños, o verían
demasiados dibujos animados en la tele? Lo ignoramos, aunque al
compararlos con ciertos grandes nombres citados más arriba,
llegamos a una conclusión: Patar y Aubier han rescatado
una vis cómica olvidada durante demasiado tiempo, y no
se cortan a la hora de recurrir a ella con una generosidad que
da en el blanco: el público siempre aprecia a los que ofrecen
sus gags sin pausa; mientras muchos directores se conforman con
una pequeña idea que exprimen hasta el extremo, Patar y
Aubier, hacen imposible la comprensión de sus películas
en un primer visionado, tal es la cantidad de gags repartidos
por ellas.
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