| ARTICULO
SWANKMAJER
Explorado ya el universo de Jan Svankmajer en una completa y sugerente
bibliografía, poco queda que añadir. Siempre es
mejor el silencio que lo manido, lo redundante, lo intrascendente,
el escribir por escribir. Lo que sigue es un montaje, un collage
si se quiere, de análisis ajenos –debidamente documentados–
y opiniones del propio artista, sazonado de unos breves comentarios,
cuya intención no es apostillar, sino ejemplificar. Lo
demás: la lectura transversal, la luz y las sombras, la
reflexión… está en la obra.
El cuerpo en cuestión
“La representación del cuerpo en la obra de Jan
Svankmajer se engarza con los discursos sobre el poder. Svankmajer
contempla la condición humana como el sujeto de un creciente
estado de flujo y desorden; el cuerpo es el lugar en el que la
humanidad proyecta sus deseos, sus miedos e incertidumbres (…)
Esta visión del cuerpo se aloja en el seno de otros discursos
que combinan el surrealismo con las condiciones de la posmodernidad.”
1 En Spiklenci Slati (“Los conspiradores del placer”),
una de sus indiscutibles obras mayores, Svankmajer propone un
fecundo juego que tiene como regla principal el uso lúdico
y sensual del cuerpo. Los conspiradores del título son
personajes conscientes, en su sensibilidad pura, en su aferrarse
al deseo de la pasión, de que el discurso libidinoso da
forma a un catálogo prácticamente inabarcable de
posibilidades limítrofes del cuerpo. Y es que, como señaló
el crítico Jordi Costa, “cuando Jan Svankmajer dibuja
un mapa, lo geográfico se confunde con lo orgánico”.
2 Si el uso perverso de la forma humana ha sido una constante
en el cine de animación –desde la estética
cartoon hasta las composiciones más vanguardista y osadas,
a veces lindantes con la videodanza–, Svankmajer convierte
ese potencial perverso en una fuente de inspiración principal.
Odas a un cuerpo inestable son Moznosti dialogu (“Posibilidades
de diálogo”), en la que los cuerpos fluyen en una
insensata conversación que mezcla los humores y tactos
de lo orgánico con lo inconsciente, Muzne hry (“Juegos
viriles”), en la que los cuerpos de los jugadores de fútbol
son el territorio para una agresiva e infinita manipulación,
Otésanek (“El pequeño Otik”), en la
que un objeto, en principio y por naturaleza inanimado, ocupa
el espacio mental de un cuerpo, o Jídlo (“Comida”),
en la que los cuerpos no son más que máquinas al
servicio de una opresiva estructura social. El cuerpo espiado
–en Tichi tyden v dome (“Una semana tranquila en la
casa”)–, el cuerpo agredido –en Byt (“El
apartamento”)–, el cuerpo torturado –en la ya
citada Muzne hry–, el cuerpo fragmentado –en Tma-svetlo-tma
(“Oscuridad, luz, oscuridad”)–, el cuerpo disipado;
éstos son los epígrafes del último capítulo
del enjundioso estudio de Charles Jodoin-Keaton Le Cinema de Jan
Svankmajer: Un surréalisme animé.
3 En definitiva, el cuerpo esgrimido.
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