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Falsas salidas
Raimund Krumme 1996 y 2004

por Chris Robinson

¿Así que el círculo ya se ha cerrado? Siempre había pensado que acababas de dar los 360 grados cuando eres un carroza. Pero sólo tengo 36 años. Esperaba que, como mucho, estuviera en el punto intermedio.En 1992, cuando comencé a participar en el Festival de Ottawa, vi uno de los cortos de Raimund Krumme, Crossroads. En aquella época todavía era estudiante de cine. Conocía más bien pocas cosas (y me interesaba conocer aún menos) sobre la animación, pero entonces llego Krumme, que me dejó absolutamente anonadado. El dibujo no era nada especial, era sencillo. Líneas negras y gruesas. Pero las ideas… ¡uauuuuh! Era un corto de seis minutos atiborrado de cuestiones filosóficas. Creo que al final me acabará gustando eso que llaman animación, pensé.

1996. Me acababan de publicar mi primer artículo sobre animación, dedicado a… sí, lo habéis adivinado: Raimund Krumme.

Ante la cada vez mayor obsesión por la tecnología que existe en el mundo de la animación, resulta refrescante descubrir el trabajo de Raimund Krumme. Krumme, una especie de punto intermedio entre Buster Keaton, Samuel Beckett y Chuck Jones, convierte sus dibujos a línea minimalistas en complejas, imaginativas y a menudo humorísticas meditaciones sobre las clases, el poder, los medios de comunicación de masas y, con un giro irónico, hasta la animación propiamente dicha. Estructurados en torno a un viaje alegórico, los exiliados “don nadies” Keatonescos de Krumme viajan a través de paisajes estériles, absurdos y a menudo crueles, en busca de su propio descubrimiento. Y en las obras de Krumme, al igual que en las de su compatriota, Wim Wenders, el paisaje también funciona como una ecuación del estado mental del personaje, y a menudo refleja un tormento interior mucho más profundo...
 
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